¿Qué
va a pasar con el precio del petróleo? ¿Va a subir? ¿Va a bajar? Escuchen con
atención, pues esta es la única respuesta rigurosamente cierta: nadie sabe. Se
pueden percibir tendencias, pero en el mundo del petróleo hay factores
contingentes e impredecibles que pueden cambiar todo en segundos. Quedamos en
el mundo de las conjeturas, si acaso bien informadas. Permítanme exponer la
mía, reseñando primero el estado del debate.
En
un primer campo están los que llamaremos optimistas del precio. Piensan, en
resumen, que a mediados de este año el petróleo se recuperará un poco, y
volverá a niveles que, si bien no se acercarán a los máximos recientes de $ 107
dólares (WTI) y $ 113 dólares (Brent), le brindarán respiro y tranquilidad a
las empresas petroleras, a sus contratistas, y a los gobiernos que en alto
grado dependen del crudo.
¿En
qué se fundamentan los optimistas? En una lógica económica elemental: la fuerte
caída del precio forzará el cierre de muchas operaciones petroleras, especialmente
aquellas que tienen altos costos de producción. En particular, creen, la caída
en el precio golpeará la actividad de shale
oil en Estados Unidos. Esto producirá entonces una caída rápida de la oferta, y por ende una estabilización del precio
en niveles mayores.
Estos
optimistas se apoyan en cifras como el conteo semanal de taladros que lleva
Baker Hughes, un gigante de los servicios petroleros. En el conteo del 20 de
febrero, se mostraba que en la última semana se habían cerrado 48 taladros en Estados Unidos. Con respecto al conteo de hace un año, hay 461 taladros menos. Hechos que parecen confirmar de manera casi exacta la predicción de los
optimistas: menor precio, menos operaciones, menos taladros.
Por
otro lado, algunos optimistas aconsejan no olvidar el poder de la OPEP. Este
cartel, que en el pasado ha manipulado el precio mediante límites de
producción, está conformado por países que en buena medida dependen de la
exportación de petróleo. Por ello, dicen los optimistas, estos países no podrán
aguantar un golpe económico y fiscal tan fuerte: pronto reaccionarán y forzarán
un alza del crudo.
En
un segundo grupo estamos –con ello anticipo mi posición- los que creemos que el
petróleo no tendrá dicha recuperación, y podría incluso caer más.
Nuestras
razones empiezan por una mirada a la dinámica mundial. La demanda de petróleo
está muy vinculada al ritmo de la actividad económica: hasta ahora, cuando las
economías han crecido, han demandado más petróleo. Pero estamos en una época en
la cual, con excepción de Estados Unidos, los grandes motores de la economía
mundial están parados o caminan lenta y torpemente. La eurozona crecería si
acaso 1.2% en 2015; Japón 0.6%; China bajaría a 6.8% y Brasil tendrá su ducha
fría de 0.3% (proyección FMI, enero 20 de 2015).
Pero
algunos van más allá, y dicen que, incluso cuando la economía de estos países
se recupere, la demanda de petróleo no va a aumentar en una proporción tan
alta. Esto porque en varias economías ya están en marcha programas de reducción
de los combustibles fósiles. Además, la eficiencia de los motores sigue aumentando.
Tal vez eso explique el sorpresivo hecho de que, tras la caída reciente en el
precio de la gasolina en EE UU, el consumo de la misma no ha aumentado tanto
como se creía. Añádase a lo anterior un factor cultural: en EE UU los jóvenes
están volviendo a habitar en las ciudades y no en los suburbios: en la ciudad
usan transporte público.
Segundo:
por ahora al menos, el cierre de taladros no ha producido descensos
dramáticos de producción, como se esperaba. De hecho, hay quienes creen que la
actividad de shale oil, pese a tener
altos costos, seguirá en firme puesto que, a la manera de lo que ocurre con la
manufactura, una vez iniciada la operación los costos marginales son
decrecientes. Y bastaría imaginar algo más: hasta ahora, el shale oil ha sido sobre todo un fenómeno
estadounidense. Pero se sabe que otros países, entre ellos China, están
interesados en hacerlo. Cosa que enviaría aun más oferta al mercado.
¿Pero
qué pasará cuando reaccione la OPEP? ¿No subirán los precios? Para empezar, no
es seguro que reaccione. Arabia Saudita y sus aliados del golfo, bloque
decisivo en la OPEP, han manifestado estar dispuestos a aguantar precios bajos
por un tiempo: prefieren vender barato y mantener cuota de mercado. Al fin y al
cabo sus costos de producción son bajos (US $ 6 por barril en Arabia Saudita),
y tienen jugosas reservas en dólares. Aprovechan además para golpear a sus
archienemigos Irán y Rusia.
Por
ello, mi conjetura es que las fuerzas seguirán empujando hacia abajo, como no
se produzcan eventos geopolíticos extraordinarios. Y si estas tendencias se
extienden al largo plazo, tal vez nunca volvamos a ver petróleo caro.
Taladros petroleros activos en EE UU
Fuente: Baker Hughes

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