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jueves, 22 de octubre de 2015

El milagro que no se le hizo (ni se le hará) a Maduro

Nicolás Maduro, Presidente de Venezuela, esperaba poder anunciar un milagro este 21 de octubre, y no lo pudo hacer.

¿Por qué necesitaba el milagro? Maduro preside una economía que este año podría contraerse en un 10%, con una inflación que podría llegar al 159% anual (proyecciones del FMI), y con unas reservas internacionales de apenas $ 15.000 millones de dólares. Para que se hagan una idea, Colombia, que produce mucho menos petróleo y que también sufre un choque económico externo, tiene $ 46.000 millones de dólares en reservas. Si Venezuela tuviera una tasa de cambio flotante, si no tuviera controles de precios, y si no gastara sumas exorbitantes en subsidios (10.2% del PIB sólo en energía y tasa de cambio, estimado de Bank of America), la economía podría ajustarse gradualmente, y la actividad en otros sectores podría compensar parcialmente la caída de los precios del petróleo. Pero precisamente por esas razones, por la falta de flexibilidad cambiaria, por la ausencia de un verdadero sistema de precios, y por el despilfarro oficial en subsidios, la economía de Venezuela sólo tiene una esperanza: que los precios del petróleo se recuperen de manera sustancial. Es decir, un milagro.

¿Cómo pensaba Venezuela producir ese milagro? Se realizó en Viena este 21 de octubre una reunión de países de la OPEP, a la que fueron invitados también otros países no miembros (entre ellos Rusia y Colombia). Aun cuando esta reunión no correspondía a las del calendario formal, y en ella no habría decisión en firme sobre cuotas de producción, Venezuela llevó una propuesta para propiciar un aumento en los precios del petróleo, con la esperanza de encontrar apoyo entre algunos miembros de la OPEP, y de ver ese apoyo respaldado por la presencia de países no miembros, pero también productores y exportadores de petróleo.

La esperanza en el milagro era intensa. No en vano, el ministro de petróleos de Venezuela, Eulogio del Pino, venía desde hace semanas ambientándola en los medios. La propuesta consistía en acordar una franja de precios entre los $ 70 y $ 100 dólares el barril. La OPEP induciría y defendería el mínimo de $ 70 mediante reducción de cuotas, y se buscaría, en último término, que el precio se estabilizara entre $ 80 y $ 90 dólares por barril.

Pero el milagro no se hizo. La reunión terminó sin ninguna decisión al respecto. Y la verdad, al menos por ahora no parece posible que suceda en el mediano plazo, salvo que haya cambios drásticos en el mercado o en la geopolítica del mismo. Veamos por qué.

Primero: porque la OPEP ya no existe
La idea de Venezuela tenía como presupuesto que la OPEP aún existía y funcionaba en su forma tradicional. Pero aun cuando la organización sigue existiendo formalmente, podría decirse que ya no existe desde la perspectiva funcional.

Es decir, ya no existe esa organización relativamente cohesionada, en la cual, pese a diferencias políticas, étnicas y regionales, a los miembros los unía la necesidad de defender su economía petrolera mediante un mecanismo de cartelización. El mundo ha cambiado: la entrada de nuevos actores (Estados Unidos como gran productor, y otros), y la agudización de las tensiones internas (entre otros factores), hacen que los incentivos para actuar como grupo ya no sean tan fuertes. Arabia Saudita, de lejos el mayor productor dentro de la OPEP (ver gráfico 1), puede actuar de manera autónoma y así lo ha decidido, recibiendo el respaldo de las monarquías del golfo que le son políticamente afines.

Gráfico 1: Producción de petróleo (barriles diarios), países de la OPEP (2014).
Fuente: Energy Information Administration.
Obsérvese la preponderancia de Arabia Saudita


De modo que esa OPEP sólida, cuya creación fue idea de un venezolano y un saudí en los años 50, ya no existe y no se puede contar con ella como dictaminador de los precios del crudo.

Segundo: porque Arabia Saudita por ahora mantiene su estrategia
Es verdad que Arabia Saudita ha tenido que aguantar un golpe financiero por cuenta de la caída del precio, y ha tenido que echar mano de sus reservas internacionales para cubrir el faltante. Pero aun así, por ahora todo indicaría que lo más probable es que este país se mantenga en su estrategia. Por un lado, porque el precio, que es el indicador sobre el cual actúan las decisiones de la OPEP, no es ya lo que les interesa a los saudíes. Ellos tienen buena memoria: tienen muy presente lo que ocurrió cuando los países árabes de la OPEP boicotearon a Estados Unidos en 1973 y redujeron sus cuotas de exportación a Occidente como protesta por el apoyo estadounidense a Israel en la Guerra de Yom Kippur: los países afectados buscaron de manera intensa nuevas fuentes de crudo, y fue así como, por ejemplo, vino el gran desarrollo petrolero del Mar del Norte. Países como Arabia Saudita perdieron participación de mercado, y no están dispuestos a permitir que vuelva a ocurrir. Así, mientras Venezuela piensa en precios, Arabia Saudita tiene en mente cuota de mercado, y ambos objetivos son por ahora incompatibles.

Además de lo anterior, la estrategia de Arabia Saudita de no impedir la caída del precio podría estar mostrando resultados en otra área: el debilitamiento del sector de shale oil en Estados Unidos, responsable por el rápido aumento en la producción de ese país. Además de la conservación de su cuota de mercado, la estrategia saudita apuntaba a llevar al límite a los productores de shale oil (cuyos costos son más altos) y eventualmente de esa manera detener el crecimiento de la producción en Estados Unidos. El objetivo no es fácil, pues buena parte de la actividad de shale oil tiene costos marginales decrecientes, y por ello, la estrategia racional de muchos de esos productores sería la de aguantar el golpe, y seguir produciendo para llegar a un costo marginal inferior. De hecho, no se ha cumplido el escenario que algunos previeron, que fue la quiebra masiva del sector. Pero hay indicadores que pueden mostrar ya la cercanía de un punto de inflexión: al parecer, la productividad de muchos pozos habría llegado a su límite, y ello podría detener el nivel de producción en Estados Unidos, el cual ha mostrado descensos en las últimas semanas (ver gráfico 2). Los sauditas y sus aliados, entonces, podrían ver estos números como evidencia de que su estrategia funcionó. Las monarquías del Golfo se sentirán complacidas de haber seguido a Arabia Saudita, y esto consolidará el liderazgo de este país sobre ese grupo.


Gráfico 2: Producción de crudo en campo, Estados Unidos (miles de barriles diarios)
Fuente: Energy Information Administration


Tercero: porque Irán, el aliado de Venezuela en la OPEP, estaría cambiando de opinión
Venezuela ha mantenido lazos políticos con Irán desde la época de Chávez, y ha manifestado cercanía con este país. Cuando los sauditas decidieron dejar caer el petróleo e impidieron que la OPEP hiciera lo contrario, Venezuela e Irán quedaron en la misma posición, y se solidarizaron mutuamente: ambos países clamaron por un aumento del precio, urgente para sus frágiles economías. Pero las cosas han cambiado para Irán, y no han cambiado para Venezuela. Tras el acuerdo sobre su programa nuclear con Estados Unidos y otros países, el panorama para la economía iraní se ha despejado. La revitalización del intercambio económico con países como Francia y el Reino Unido es inminente, y lo mejor, en sectores no necesariamente ligados al petróleo. Es inminente también el levantamiento de las sanciones, lo cual les permitirá exportar un millón de barriles más por día. Así las cosas, la mejor estrategia para los iraníes es exportar todo el petróleo que puedan, así sea con los precios actuales de mercado. Necesitan ese ingreso, y con urgencia. Además, aparentemente los iraníes habrían concluido que no tiene sentido desgastarse oponiéndose a los sauditas en la OPEP. Venezuela podría estarse quedando un poco sola.

Cuarto: porque los productores no-OPEP no quieren cortar
El milagro que necesitaba Maduro dependía en parte de la posición que tomaran los países exportadores que no son miembros de la OPEP, y que estaban invitados a la reunión de Viena. Tal vez Venezuela esperaba ingenuamente que Rusia le apoyase por razones políticas (lo mismo que en vano esperó de Irán). Pero en la reunión, los invitados externos a la OPEP no mostraron ningún interés en que la organización actuara para hacer subir el precio. Los rusos, por ejemplo, han logrado sortear las dificultades económicas gracias a la devaluación del rublo, y a que tienen reservas financieras. Igual ha sucedido con las ex repúblicas soviéticas petroleras como Kazakhstán y Azerbaijan. Para ellos, sería absurdo someterse a un pacto de cuotas con una organización a la que ni pertenecen, pudiendo actualmente vender en el mercado mundial todo lo que producen.

La esperanza del milagro
El milagro, en fin, no ocurrió en esta ocasión. No puede descartarse que ocurra, pues en este volátil mundo todo puede cambiar. Puede ser, por ejemplo, que los sauditas en algún momento decidan no agotar más sus reservas financieras. Puede ser que el impacto sobre el shale oil se manifieste con más fuerza. Y puede ser que la desaceleración china, factor de demanda que ha contribuido a la caída del precio, no resulte tan fuerte. Pero nótese que se requiere la ocurrencia de varias circunstancias, no todas ellas muy probables, para que en el corto plazo se dé el milagro. Y a falta de éste, tarde o temprano habrá que recurrir al desmonte del sistema cambiario, al desmonte de controles de precios, y a la progresiva reducción de subsidios. A lo cual tal vez no sobreviva el gobierno.

lunes, 10 de agosto de 2015

Mercados, a monitorear suerte del acuerdo con Irán en el Congreso deEE. UU.


En septiembre de este año, se tomará en el Congreso de Estados Unidos una decisión que tendrá impacto en la economía colombiana, y particularmente en dos indicadores: el precio del petróleo, y la tasa de cambio. Se trata del acuerdo nuclear con Irán. Como explicaré más abajo, el Congreso de Estados Unidos tiene la facultad de impedir su entrada en vigencia. Si esto ocurriera, el mercado mundial del petróleo lo registraría seguramente con ascensos de precios, cuya magnitud es de difícil previsión.
Se estima que, si el Acuerdo logra pasar en el Congreso, y son por tanto levantadas las sanciones sobre Irán, este país podría exportar aproximadamente un millón de barriles más por día. Si se tiene en cuenta que la oferta mundial es de aproximadamente 90 millones de barriles diarios, la cifra de un millón se ve bastante pequeña. Pero ese millón afecta a un mercado de muy alta sensibilidad, pues en él las fuerzas que empujan hacia el precio bajo son considerables: particularmente la desaceleración de China, y el aumento en la producción de Estados Unidos.

Ahora bien: el mercado ya reaccionó con optimismo cuando se firmó el acuerdo, el pasado 14 de julio. Desde esa fecha hasta hoy, el petróleo brent ha caído casi un 15%, aun cuando el acuerdo con Irán no es el único responsable: la desaceleración de China, mayor que lo previsto, ha tenido un papel central.

Conocemos la importancia del petróleo para la economía colombiana: para las cuentas fiscales, las exportaciones, y el producto nacional. Y hay una variable que ha mostrado ser muy sensible al precio del petróleo: la tasa de cambio. Puede verse cómo, mientras el petróleo ha vivido meses de fuerte caída, lo contrario ha sucedido con la tasa de cambio. Cosa que se explica, principalmente, por ser el petróleo una importante fuente de dólares hacia Colombia.

Por esto último, quienes monitoreamos la tasa de cambio debemos prestar atención a lo que ocurra con el acuerdo nuclear en el Congreso de EE. UU. De ser rechazado, la expectativa de mayor oferta se frustrará, y un grado importante de nerviosismo caerá sobre el mercado. Ambos factores pueden elevar transitoriamente los precios.

Expliquemos entonces los detalles de la situación.

  1. Aun cuando el acuerdo con Irán no es un tratado internacional, y no está sujeto a la revisión ordinaria que de ellos se hace en el legislativo, el Congreso de Estados Unidos quiso evitar que ese tratado entrase en vigencia sin una revisión.
  2. Por ello, el mismo Congreso se dio la facultad de revisarlo. El 22 de mayo aprobó la “Ley de Revisión del Acuerdo Nuclear con Irán”. Es importante tener en cuenta que la ley fue aprobada por una gigantesca mayoría: 98 votos contra 1 en el Senado, 400 contra 25 en la Cámara. Esto indicaría que el nerviosismo con la cuestión Iraní no es solo de los republicanos, sino que también existe en el partido del Presidente.
  3. De acuerdo con esta ley, el Presidente debe enviar el texto del acuerdo (trámite que se cumplió el 19 de julio), y el Congreso tiene 60 días para pronunciarse. Las posibilidades son que apruebe el acuerdo, que lo desapruebe, o que no diga nada. Si lo desaprueba, ello por sí mismo no acaba con el acuerdo. ¿En qué radica entonces el poder del Congreso? En que es este órgano el que debe levantar las sanciones. Si desaprueba el acuerdo, se entiende que no se levantan las sanciones, y el acuerdo en la práctica muere.
  4. Ahora bien, por no ser un dictamen sobre un tratado internacional, la decisión requeriría una mayoría simple en el Senado (que tiene 100 miembros) y en la Cámara (que tiene 435 miembros con voto).
  5. Pero el presidente Obama dijo desde el primer instante que, si el Congreso desaprueba el acuerdo, usará su poder de veto. En ese caso, el Congreso tiene la facultad de anular el veto presidencial, pero eso sí requiere una mayoría calificada: dos tercios de cada cámara (67 votos en en Senado, 290 en la Cámara).
  6. Si partimos del supuesto (no necesariamente exacto) de que todos los republicanos están contra el acuerdo, esto quiere decir que, para tener el poder de hacer a un lado el veto presidencial, se necesitaría que 13 demócratas del Senado y 43 de la Cámara se pongan de su lado.
  7. ¿Qué tan probable es esto último? Empecemos por el supuesto de que los republicanos votarán en bloque contra el acuerdo. Por ahora es un supuesto plausible, dada la polarización del país, y dado el hecho de que, desde la perspectiva republicana, esta es una oportunidad de oro para dar un golpe de gracia a Obama. Y hasta ahora, ningún republicano ha manifestado apoyo al acuerdo. ¿Pero cuán probable es, entonces, que incluso algunos copartidarios del Presidente se sumen al rechazo? La probabilidad existe, y como veremos más abajo, ya está ocurriendo. Lo que quedaría por verse es si estas deserciones son suficientes para sumar los votos requeridos para anular el veto.
  8. A mediados de julio, cuando se firmó el acuerdo, un artículo en Vox estimó como bajas las probabilidades de que los demócratas le fallaran a Obama. Advertía el artículo, sin embargo, que era necesario observar la decisión de dos congresistas demócratas estratégicos: Charles Schumner, de Nueva York, y Steny Hoyer de Maryland. Ambos congresistas han mantenido una línea fuerte de apoyo a Israel, y son sumamente influyentes en sus compañeros de partido.
  9. La deserción de Charles Schumner ya ocurrió: el viernes pasado anunció que se opondrá al acuerdo. Hoyer ha evitado pronunciarse, aun cuando la semana pasada criticó a Obama por decir que la única alternativa al acuerdo era la guerra.
  10. Por ahora, sin embargo, Obama parece seguir teniendo las mayorías. Varios líderes demócratas de gran importancia apoyan el acuerdo, entre ellos Hillary Clinton. Pero los esfuerzos de los opositores del acuerdo se han intensificado. AIPAC, la más poderosa organización norteamericana de lobby pro-israelí, ha amenazado a quienes apoyen el acuerdo, prometiendo financiar las campañas de sus rivales intra-partido. Y en general, la opinión pública parece estar bastante dividida. En muchos sectores hay la sensación de que Estados Unidos cedió en todos los puntos de la negociación, y no obtuvo nada significativo a cambio (ni siquiera la liberación de un prisionero). Allí hay un terreno fértil para los críticos del acuerdo, quienes lo caracterizarán como sello del declive internacional de Estados Unidos.
  11. Por su parte, Obama sigue defendiendo el acuerdo con un argumento: el de que nadie, ninguno de sus críticos, ha podido mostrar que hubiera una mejor alternativa. Un mensaje similar han ofrecido analistas como Fareed Zakaria. Este argumento puede ser cierto, pero a buena parte de la opinión pública puede sonarle derrotista: lo pueden interpretar, incluso, como corroboración de que Estados Unidos claudicó, pero que lo hizo porque no había alternativa. La eficacia política de ese tipo de mensajes es muy limitada.
  12. De acuerdo con el calendario, la votación deberá producirse a más tardar el 19 de agosto. Por ahora, y hasta el 8 de septiembre, el Congreso está en el receso de verano. Será necesario, en este período, monitorear minuto a minuto la actividad política para estimar de la menor manera posible el desenlace.